Naranjas 
Diving Deeper - Page 7 of 7 
 
        Los que habían trabajado con él en los naranjales hicieron una colecta y con los pocos centavos que podían dar reunieron lo suficiente para pagarnos el pasaje en el tren.  Después del entierro, mi mamá empacó en dos bultos los escasos bienes que teníamos y fuimos a Los Ángeles. Fue un cambio decisivo en nuestras vidas, más aún, porque íbamos solos, sin mi papá.  Mientras el tren ganaba velocidad, soplé un adiós final a los naranjales. 
    El primo de mi papá nos ayudó y mi mamá consiguió trabajo cosiendo en una fábrica de overoles.  Yo empecé a vender periódicos después de la escuela.  Hubiera dejado de ir del todo a la escuela para poder trabajar más horas, pero mi mamá insistió en que terminara la secundaria.      
    Eso pasó hace muchos años. Los naranjales de mi niñez han desaparecido.  En el lugar donde alzaban sus ramas perfumadas hay casas, calles, tiendas y el constante vaivén de la ciudad.  Mi mamá se jubilo con una pensión pequeña, y yo trabajo en una oficina del estado.  Ya tengo familia y gano lo suficiente para mantenerla.  Tenemos muebles en vez de cajas, y mi mamá tiene una mecedora  donde sentarse a descansar.  Ya ni existen aquellas cajas de madera, y las etiquetas que las adornaban se coleccionan ahora como una novedad. 
    Pero cuando veo las pirámides de naranjas en el mercado, hay veces que veo esas cajas de antaño y detrás de ellas está mi papá, sudando y sonriendo, estirándome los brazos para subirme a sus hombros.      
 
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