Naranjas
Original text of Story: page 3 of 8
 
 
     En los veranos acompañaba a mi papá a trabajar en los naranjales.  Eso me parecía más interesante que ir a la escuela. Ganaba quince centavos por cada caja que llenaba.  Iba con una enorme bolsa de lona colgada de una banda ancha para tener las manos libres, y subía por una escalerilla angosta y tan alta que podía imaginarme pájaro.  Todos usábamos sombreros de paja de ala ancha para protegernos del sol, y llevábamos un pañuelo para limpiar el sudor que salía como rocío salado en la frente.  Al cortar las naranjas se llenaba el aire del olor punzante del zumo  porque había que cortarlas justo a la fruta sin dejar tallo.  Una vez nos tomaron una foto al lado de las naranjas recogidas.  Eso fue un gran evento para mí.  Me puse al lado de mi papá, inflándome los pulmones y echando los hombros para atrás, con la esperanza de aparecer tan recio como él, y le di una sonrisa tiesa  a la cámara.  Al regresar del trabajo, mi papá solía sentarme sobre sus hombros, y así caminaba a la casa riéndose y cantando.  
    Mi mamá era delicada.  Llegaba a casa de la empacadora, cansada y pálida a preparar las tortillas y recalentar los frijoles; y todas las noches, recogiéndose en un abrigo de fe,  rezaba el rosario ante un cuadro de la Virgen de Zapopán.  
    Yo tenía ocho años cuando nació mi hermana Ermenegilda.  Pero ella sólo vivió año y medio.  Dicen que se enfermó por una leche mala que le dieron cuando le quitaron el pecho.  Yo no sé, pero me acuerdo que estuvo enferma un día nada más, y al día siguiente se murió.  
  
 
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